La morosidad, un problema latente para las empresas

Llevar al día las cuentas de la empresa no solo dependerá de nuestra eficiente gestión, sino también de la responsabilidad de nuestros clientes, que deberán abonar sus pagos dentro de los plazos estipulados. La morosidad se ha acentuado con la crisis, afectando a la facturación y derivando en ocasiones en el cierre del negocio.

Si analizásemos el ranking de aspectos que más preocupan a los empresarios, sin duda el retraso de los pagos se posicionaría a la cabeza de la lista. Desde el momento en el que se incumplen los períodos de pago se incrementan los costes adicionales y por consiguiente, los precios finales se ven afectados. La empresa se ve obligada a subir sus precios para seguir siendo competitiva en el mercado y continuar realizando inversiones productivas. Aunque se intenta poner freno a la morosidad con otras prácticas, la facturación acaba viéndose perjudicada y al final las consecuencias acechan al pez pequeño.

En la gran mayoría de los casos, no se pone remedio a la morosidad puesto que se desconoce hasta que no pasa el tiempo. Las empresas que manejan numerosas relaciones comerciales tienen más problemas para controlar al detalle cada negociación y les resulta más complicado reclamar los plazos de cobro a sus clientes. El remedio a las dificultades de facturación se llama Konssult. Con esta eficiente plataforma de gestión lograremos: gestionar los presupuestos y albaranes, controlar las facturas emitidas y recibidas y analizar el avance del IVA. Cualquier aspecto relacionado con la tesorería y la contabilidad de nuestro negocio será controlado automáticamente con Konssult. Solo tenemos que ingresar los datos de cada compra-venta y éste automáticamente se encargará de generarnos un informe económico-financiero sobre la situación de nuestra empresa. Así mismo, Konssult alertará de forma personalizada a nuestros clientes sobre las facturas que están pendientes de cobro.

Con motivo de la crisis, no solo las pymes han descuidado sus responsabilidades fiscales, sino que las grandes empresas han comenzado a sumergirse en proyectos de gran envergadura, solicitando productos de stock que luego, al reducirse el índice de ventas, no son capaces de abonar. ¿Las perjudicadas? Las pequeñas empresas, que para subsistir deben hacer encajes de bolillos. Esa morosidad de las grandes compañías acaba afectando a la solvencia del pequeño comerciante, que a veces tiene que cuestionarse la continuidad de su negocio.

Según una encuesta realizada por el Entorno Empresarial del Instituto Nacional de Empleo (INE), la morosidad es la tercera preocupación de los empresarios, por detrás de la demanda de productos y del entorno macroeconómico. De igual modo, dicho estudio recoge que las medianas empresas (entre 50 y 249 trabajadores) son las que poseen mayores retrasos en su facturación.

Los factores que influyen en el menor o mayor impacto de la morosidad en las empresas son:

  1. Tamaño de la empresa: Las pymes encuentran más dificultades que las grandes empresas, debido a que éstas suelen diversificar los riesgos y poseen más recursos financieros para hacer frente a la morosidad.
  2. Tipos de interés: La morosidad cuesta dinero a las empresas que han de seguir pagando durante un tiempo adicional los saldos que no han podido ser cobrados a su vencimiento. Y es que el perjuicio económico será mayor cuanto más bajo fuesen los tipos de interés.
  3. Influencia del mercado y ventas: Si la situación del mercado no es favorable y no se pueden realizar nuevas operaciones comerciales, la morosidad acabará consumiendo la vida de la empresa.
  4. Margen de beneficios: Es evidente que si una empresa no factura las ventas realizadas estará teniendo unas pérdidas económicas equivalentes al coste del producto vendido. De este modo, aquellas empresas que posean márgenes muy reducidos en sus ventas deberán prestar mayor atención ante los posibles casos de morosidad.

Si analizamos los datos de 2016, podemos comprobar que el 68% de los proveedores han tenido durante el pasado año contratos con empresas privadas que les imponían plazos de pago superiores a los 60 días establecidos por la Ley. No obstante, el plazo medio de pago a proveedores se ha reducido en un 5’3% en el sector público (de 75 a 71 días) y en un 9’4% en el sector privado (de 85 a 77 días). Así mismo, el ratio de morosidad (porcentaje de impagos frente al total facturado) se posicionó en un 2’3%. Y es que a pesar de todo, el cliente aún sigue demostrando su dominio sobre el proveedor. Por todo ello es tan importante controlar la facturación de nuestra empresa de forma diaria, y para ello no hay mejor herramienta que Konssult.

 

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